Fuente: Freepik

Por: Marianely Figueroa

Con el paso del tiempo, muchas estructuras y edificaciones que un día gozaron de tiempos de gloria, atracción turística y de utilidad hoy día han caído en el abandono, siendo estas vandalizadas y olvidadas.

Estructuras como el parque acuático El Tuque y el parque Monagas de Ponce, la primera planta embotelladora de Puerto Rico en Lares, edificios como El Hotel Intercontinental en Ponce o El Hotel Normandie en la zona Porta de Tierra en San Juan son algunos de los ejemplos que podemos mencionar que en su momento fueron grandes aportaciones para sus municipios y que ahora afean el panorama y causan problemas de salubridad e inseguridad ciudadana. 

Pero no tan solo grandes estructuras, si se da una vuelta por los cascos urbanos se dará cuenta que abundan los edificios vacíos. Fábricas, escuelas, hogares, incluso un sinnúmero de estructuras que no se llegaron a terminar de construir, que en estos momentos no se aprovechan y que pudieron aportar miles de empleos. 

Un estudio del analista económico Dennis Román apunta a que, si se pudieran rehabilitar todos los edificios abandonados en los cascos urbanos, la economía boricua podría recibir una inyección de unos $1,800 millones anuales solo en salarios directos.

Muchos de estos espacios que pueden ser utilizados para hacer negocios, oficinas de servicios y que generarían millones de dólares, en muchas ocasiones se convierten en centros de delincuencia y basura. A esto se le suma la ocupación de la infraestructura por población con bajos recursos que viven en muy malas condiciones.

El abandono se debe a muchos factores entre ellos: mala situación económica provocando el cierre de estos lugares, falta de uso, complicaciones legales, falta de herederos, entre otras cosas.

Sin embargo, es necesario concientizar y reflexionar sobre la importancia de recuperar y rehabilitar estos espacios. Un estudio realizado por el grupo Áreas Dinámicas Naturales y Antrópicas, ADINA mostró la existencia de fuertes consecuencias ambientales y socioeconómicas, tales como la pérdida de biodiversidad o el deterioro del valor paisajístico. 

Es necesario una legislación que permita y promueva la inversión en estas estructuras que pueden aportar muchísimo al país. En 2002 se presentó la Ley 212 que permitía la revitalización de los centros urbanos y ofrecía incentivos y exenciones contributivas dirigidas a atraer inversión privada a los cascos urbanos sin embargo quedó en nada.

El gobierno debe asumir un rol muy importante en todo este proceso, pero no puede quedar únicamente en sus manos, como ciudadanos debemos motivarnos y unirnos para erradicar el problema. 

Pensaríamos que la solución más rápida y sencilla es demoler todo. Pero no es así. Aún tenemos la oportunidad de no tan solo embellecer nuestros pueblos si no de aportar empleos, turismo, vivienda, servicios a las comunidades, entre otras muchas cosas. Dejemos de seguir construyendo edificios sin detenernos a ver la cantidad de espacios con calidad histórica, artística y cultural que nos rodea y le brinda identidad a nuestros pueblos y a nosotros como puertorriqueños. 

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Esta columna de opinión forma parte del segmento semanal de #ACuentagotas, que se publicará todos los viernes. Se trabajarán noticias, reportajes y entrevistas de actualidad con un formato más fresco, conciso y actual.

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