Foto: Freepik

Por Jewel Echevarría

En una isla repleta de montañas y campos, muchos puertorriqueños sienten temor al solicitar el servicio de sistema de emergencias y que una ambulancia no llegue a tiempo. Esta preocupación surge a raíz de los múltiples incidentes en los que el personal del sistema de emergencias no han llegado a los pacientes a tiempo.

Según el Censo, actualmente habitan alrededor de 3 millones de personas en la Isla. El comisionado del Negociado del Cuerpo de Emergencias Médicas (NCEM), Guillermo Torruella, explicó a la Corporación de Puerto Rico para la Difusión Pública (WIPR) en un reportaje publicado en el 2019 que hay aproximadamente cien paramédicos para atender casos de emergencia. 

Nashali Repollet Avilés es una enfermera recién graduada de la Universidad de Puerto Rico recinto en Arecibo (UPRA) y es residente del barrio Cacao en el pueblo de Orocovis. La joven afirmó que ha vivido varias experiencias negativas a la hora de solicitar la asistencia de una ambulancia.

“El caso más reciente fue cuando a mi tío le dio un derrame cerebral y cuando se llama a las ambulancias nos dicen que la ambulancia más cercana es de Comerío. La distancia es de una hora o un poco más hasta Orocovis, barrio Cacao”, relató la joven.

Afortunadamente, el hermano de Repollet es paramédico y pudo estabilizar al paciente para que se agilizara el proceso para cuando la ambulancia llegara. Es por este incidente que la joven está convencida que el problema más grande relacionado al acceso de servicios médicos “siempre es la distancia”.

José Alberto Torres, residente de Aibonito, contó a A cuentagotas su preocupación sobre el tiempo que tardaría una ambulancia en llegar al hogar de su padre, Felipe Torres Rosa. Rosa, padece de múltiples condiciones incluyendo condiciones cardiacas, alta presión, artritis y diverticulitis.

“Entiendo que sí, que otros residentes (de Aibonito) comparten la misma preocupación. Tarde en la noche es cuando resulta más complicado navegar por las calles, especialmente en la madrugada”, explicó Torres.

Según una encuesta sobre la comunidad realizada durante los años 2014-2018, el pueblo de Aibonito contaba con alrededor de 23,457 habitantes. Algunos de estos viven en lugares tan aislados que hasta los mismos ciudadanos tienen dificultad llegando a sus residencias.

El comisionado del NCEM, Torruella, explicó al medio WIPR que la disminución en servicios de ambulancias proviene de un recorte en presupuesto y nómina al NCEM.

“El servicio que tenemos que proveer y el tiempo de respuesta no tiene ninguna excusa, pero para eso estamos trabajando a nivel presupuestario para ver si conseguimos poder conseguir más personal para bajar el tiempo de respuesta”, explicó Torruella en el 2019.

El comisionado agregó que el presupuesto asignado por la Junta de Control Fiscal al NCEM es suficiente para cubrir la nómina existente, sin embargo, no da para reclutar nuevos empleados. Por tal razón, paramédicos y sus asistentes, cuentan con menos medicamentos para sus pacientes y se demoran más en llegar al lugar de la emergencia.

Por su parte, Carmen Benique Santiago -un paramédico del Cuerpo de Emergencias Médicas Estatal- asegura que la escasez de personal ha afectado el tiempo de respuesta para llegar a individuos que viven en las montañas.

“El tiempo de respuesta es muy importante porque de eso depende la vida del paciente. Hay veces que el tiempo de respuesta a veces pasa de media hora o una hora porque la gente prácticamente no saben dónde viven o son personas mayores que no saben explicar cómo llegar a sus casas y el sistema de rastreo no está actualizado”, explicó Santiago.

Según Santiago, el tiempo de respuesta de sistemas de emergencias a estos lugares más remotos depende de muchos factores tales como: las condiciones del tiempo, el tráfico, rótulos en las calles y hasta su alumbrado.

En la sección 5 del Manual de Operaciones del Centro de Emergencias Médicas se establece lo siguiente: “Cuando se activa los servicios de respuesta a una llamada de emergencia, los empleados tienen 30 segundos para estar en movimiento dentro de la ambulancia o respuesta rápida y en camino al lugar de la emergencia.”

Varios años atrás, ella y su asistente intentaron llegar durante las horas de la madrugada a un paciente en el barrio de Atalaya en Aguada que había sido apuñalado y estaba perdiendo mucha sangre.

“La calle se dividió como en tres entradas y eran las 2 de la mañana y no sabíamos de verdad. Llegamos al punto medio y les dije, ‘Estoy aquí en la división, hay tres entradas. ¿Cuál de ellas es?’ Te digo que estuvimos ahí como un periodo de 20 minutos. Veinte minutos en Aguada”, lamentó la paramédico.

Cuando finalmente lograron llegar a donde estaba localizado la víctima de la puñalada, un joven de 25 años, ya estaba en un estado delicado de salud. Según Santiago, se le dio asistencia, se entubó y -luego de luchar por su vida- falleció.

Shelimar Barreto, enfermera y asistente de paramédico, ha experimentado las dificultades de transitar carreteras mal alumbradas dentro de lugares remotos en el interior de la Isla.

“Muchas veces el camino no está bien construido, hay mucha dificultad llegando a la casa. Los caminos, incluso, para llegar a su residencia no están bien alumbrados”, expresó la enfermera.

Por otro lado, Barreto ha visto cómo muchos individuos que viven en barrios aislados -Atalaya en Aguada, Los mangos en Aibonito y el pueblo de Ciales por ejemplo- no tienen manera de llegar a citas médicas, hospitales o hasta farmacias para buscar sus medicamentos.

“Muchos de ellos dicen que no tienen una transportación para que vayan al pueblo, no pueden hacer nada. Incluso, conozco a una señora que es viejita y vive cerca de un pariente de mi mamá y ellos mismos lo dicen ‘miren yo no tengo acceso para ir al pueblo, las ayudas no llegan hasta acá’”, dijo la enfermera.

Aunque está consciente de que existen carros públicos en algunos pueblos en Puerto Rico -Aguada, San Juan, entre otros- Barreto ha visto como muchas veces esos recursos no llegan a los hogares de aquellas personas que residen en lugares remotos.

Pese a los obstáculos, Barreto y Santiago coinciden que ellas y sus compañeros paramédicos “se esmeran” y hacen todo lo posible con los recursos que tienen disponibles para cumplir con un tiempo de respuesta razonable y salvar vidas.

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