Puertorriqueños en unción contra el régimen español. Foto: Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP)

Por: Joshua Soto Sánchez

La noche del 23 de septiembre de 1868, cientos de insurgentes se movilizaron hacia el municipio de Lares con un ambicioso fin: desafiar el régimen colonial español y proclamar una república independiente. Aunque esta insurrección fue sofocada en poco tiempo, su eco sobrevivió la derrota militar y pasó a la historia como uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Puerto Rico: el Grito de Lares.

Las mujeres hacen matria” (2021), mural del Colectivo Moriviví realizado en Lares como parte del festival de arte urbano El Grito del Arte. La obra representa a Mariana Bracetti cosiendo la bandera utilizada durante el Grito de Lares. Foto: Municipio de Lares.

Durante el siglo XIX, Puerto Rico seguía bajo la soberanía de España y sus habitantes tenían una participación limitada en las decisiones del gobierno colonial. A lo largo de esas décadas surgieron reclamos de distintos sectores que exigían reformas económicas, representación política, libertades civiles y cambios en instituciones (como la esclavitud y el régimen de trabajo jornalero).

Entre 1866 y 1867, representantes boricuas —entre ellos: José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones y Segundo Ruiz Belvis— acudieron a Madrid para ser partícipes de la Junta Informativa de Reformas de Ultramar. Allí plantearon inquietudes sobre el comercio, la agricultura, la descentralización administrativa y la abolición de la esclavitud en la Isla, así como la eliminación del sistema de libreta de jornaleros. Sin embargo, las expectativas de reforma quedaron ampliamente frustradas.

La situación se agravó en junio de 1867, cuando un grupo de artilleros españoles se amotinó en San Juan. Aunque las investigaciones históricas distinguen aquella protesta militar del movimiento separatista, el gobernador José María Marchesi la utilizó para ordenar el destierro de varias figuras liberales e independentistas, entre ellas a Ramón Emeterio Betances y Segundo Ruiz Belvis.

Desde el exilio, Ramón Emeterio Betances difundió su célebre proclama, conocida como los “Diez Mandamientos de los Hombres Libres”. El documento reclamaba, la abolición de la esclavitud, libertad de expresión y de culto, libertad de comercio, derecho de reunión y la elección de las propias autoridades entre otras cosas.

Proclama de los “Diez Mandamientos de los Hombres Libres”, redactada por Ramon Emeterio Betances
en Saint Thomas en noviembre de 1867.


Así fue como los revolucionarios de Lares, Camuy, San Sebastián y otros pueblos limítrofes habían acordado iniciar la manifestación el 29 de septiembre de 1868. Sin embargo, el 21 de septiembre las autoridades descubrieron la junta revolucionaria de Camuy, encabezada por Manuel María González. Ante el temor de que el gobierno comenzara a detener a otros implicados, los revolucionarios decidieron actuar con inmediatez y adelantaron la rebelión al 23 de septiembre.

Ese día, más de quinientas personas se congregaron en la hacienda de Manuel Rojas, comandante venezolano y uno de los primordiales líderes separatistas del Grito de Lares. Esa misma noche, los rebeldes marcharon hacia el pueblo, tomaron el control y ocuparon instalaciones gubernamentales con poca resistencia.

Fue entonces cuando se proclamó la República de Puerto Rico y Francisco Ramírez Medina se convirtió en el primer y único presidente de la República de Puerto Rico.

Sin embargo, la rebelión necesitaba extenderse a otros pueblos para poder sobrevivir. En la mañana del 24 de septiembre, aproximadamente trescientas personas marcharon hacia San Sebastián —en aquel entonces llamado San Sebastián del Pepino— con la intención de ocupar el municipio y continuar expandiendo la rebelión. Allí se encontraron con una resistencia militar de mayor escala.

La derrota en San Sebastián marcó el comienzo del fin de la rebelión. Tras esto, las autoridades españolas iniciaron una amplia campaña de arrestos. Entre los detenidos estuvieron Manuel Rojas y Marianna Bracetti, además de campesinos, jornaleros, comerciantes, artesanos y personas esclavizadas Tras esto, las autoridades españolas iniciaron una amplia campaña de arrestos. Entre los detenidos estuvieron Manuel Rojas y Mariana Bracetti, además de campesinos, jornaleros, comerciantes, artesanos, hacendados y personas esclavizadas.


Marianna Bracetti y Manuel Rojas, ambos revolucionarios clave del Grito de Lares.

Mientras Puerto Rico vivía estos acontecimientos, España atravesaba su propia revolución. En septiembre de 1868 estalló el movimiento conocido como “La Gloriosa”, que provocó el derrocamiento de Isabel II y dio paso a un nuevo régimen político en España.

La coincidencia resultó decisiva para la suerte de los presos de Lares, pues el cambio político en la metrópoli creó un escenario más favorable para reclamar clemencia. En Puerto Rico se organizaron peticiones para evitar las ejecuciones y conseguir la excarcelación de los detenidos, mientras que puertorriqueños como Eugenio María de Hostos y Manuel Alonso, ambos ilustres de la independencia de Puerto Rico, realizaron gestiones desde Madrid.

Como resultado, el 25 de enero de 1869 se decretó una amnistía general para los involucrados en el levantamiento. Muchos recuperaron la libertad, aunque varias figuras del independentismo continuaron sus actividades desde las afueras de la Isla.

Aunque el Grito de Lares fue un fracaso militar, los reclamos que lo habían provocado continuaron presentes durante los años siguientes. En 1870 se aprobó la Ley Moret, que inició un proceso gradual de emancipación de algunos grupos de personas esclavizadas y desembocó en la abolición de la esclavitud en Puerto Rico en 1873.

Por esta razón, el Grito de Lares debe entenderse como mucho más que una breve rebelión. Fue el resultado de años de descontento político, económico, social y representó un intento de transformar profundamente la sociedad puertorriqueña.

Aunque sus participantes no lograron establecer una república independiente, el acontecimiento dejó una gran huella en la historia del país, convirtiéndose en un símbolo de las luchas por la independencia, los derechos civiles, la abolición de la esclavitud y la transformación del sistema colonial.

Más de un siglo y medio después, el 23 de septiembre de 1868 sigue siendo recordado como una fecha fundamental de la historia política de Puerto Rico. El Grito de Lares permanece como testimonio de un momento en el que cientos de personas estuvieron dispuestas a desafiar abiertamente al régimen español en busca de un nuevo orden político y social.

Deja un comentario