Entre lo que permanece y lo que cambia, las comunidades enfrentan una transformación que va más alla de sus fachadas. Foto: Joshua Soto Sánchez
Bonrinkén ha visto un cambio bastante significativo con respecto a la población que reside en sus áreas turísticas más populares. ¿A qué responde este cambio tan radical en la isla?
Por: Joshua Soto Sánchez

Hubo un tiempo donde los visitantes que llegaban a las costas de Rincón adoptaban la cultura local con curiosidad y avidez. No buscaban condicionarla ni transformarla. Comunidad, cultura y jolgorio, así como comercios locales, tiendas de segunda mano y artesanía— llenaban las calles de esta municipalidad, donde todos eran cálidamente bienvenidos. Así lo recuerda Gloria Milagros Cuevas, artesana y dueña de una tienda local en Mayagüez.
“Recuerdo sentarme en la plaza de Rincón a las cinco de la tarde con las doñitas del pueblo todos los días… era una cosa bien linda”, relató Cuevas, quien repetidamente proclamó su amor por el Pueblo de Bellos Atardeceres. “Yo no quería irme”, lamentó ante preguntas sobre su experiencia viviendo allí. Para ella, el desplazamiento no fue gradual, sino abrupto.
Tras el paso de los huracanes Irma y María en el año 2017, inversionistas externos comenzaron a adueñarse de las costas de Borinkén, marcando el inicio de una revitalización que desplazaría a muchos residentes hacia pueblos limítrofes e incluso algunos abandonaron la isla. En el caso de Cuevas, tuvo que abandonar una “casa con una vista preciosa” porque los dueños de la propiedad recibieron una oferta más atractiva (oferta que, aún dispuesta, Cuevas no pudo equiparar).
La gentrificación no sólo encareció lo que Cuevas consideraba ser un “paraíso”, sino que transformó esa esencia cultural que, según contó, lo hacía un lugar especial. ¿Qué proliferó este aburguesamiento y cómo se ve en otras partes de la Isla del Encanto?
La Legalidad Detrás de la Gentrificación en Puerto Rico
Para entender qué es este fenómeno hay que conocer los orígenes de este término. La palabra “gentrificación” fue acuñada en el año 1964 por Ruth Glass, socióloga alemana, quien se percató que en Londres había personas de clase media ocupando zonas históricamente habitadas por la clase obrera trabajadora.
“Poco a poco, muchos de los barrios obreros de Londres han sido invadidos por las clases medias, tanto altas como bajas. Una vez este proceso de ‘gentrificación’ comienza en un distrito, avanza rápidamente hasta que todos o la mayoría de los habitantes obreros originales son desplazados y el carácter social del barrio cambia por completo.”
—Ruth Glass, London: Aspects of Change
Esto se ha observado en lugares a través del mundo, más notablemente en: Barcelona, Lisboa, México y Nueva York. Ocurre con mayor frecuencia en barrios céntricos, históricos o con buena conectividad a grandes metrópolis (que gozan de viviendas asequibles y arquitectura con potencial de revalorización).
Adrián Gonzalez Costa, Senador por Acumulación del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), opina que dentro del marco sociopolítico de Puerto Rico la gentrificación es el resultado directo de decisiones gubernamentales y políticas públicas que favorecen el capital externo sobre las necesidades locales.
“Es un sistema que se alimenta de la pobreza de los puertorriqueños para multiplicar la riqueza de los extranjeros”, asegura González Costa.
Este define la gentrificación clásica como una “transformación comunitaria” que crea inaccesibilidad para quienes, en un pasado, “sí podían acceder a vivienda y/o comercio”.
El desplazamiento, por otro lado, es una consecuencia de la gentrificación, aunque, no siempre surge de manera inmediata o visible. Lo vemos cuando las personas abandonan sus comunidades debido al aumento en el costo de vivienda, dando paso a que arriben individuos con mayor poder adquisitivo. González Costa lo describe como un “efecto dominó”, donde los residentes son expulsados de sus comunidades y, en última instancia, de su país.
La gentrificación y el desplazamiento son comúnmente vistos como causa y efecto. Resumido en el artículo “Gentrificación en Puerto Rico”, escrito por Gabriela Rojas LeBron: acompañando una oleada de forasteros en la isla, surge una elitización intrusiva que desplaza a residentes boricuas, quienes mayormente son personas de escasos recursos.
El principal causante de ambos fenómenos, asegura González Costa, fue la Ley para Incentivar el Traslado de Individuos Inversionistas (Ley 22-2012), que fue incorporada al Código de Incentivos de Puerto Rico (Ley 60-2019). La primera fue firmada en el año 2012 por el exgobernador Luis Guillermo Fortuño Burset y buscó estimular la economía mediante la llegada de inversionistas afuerinos, ofreciéndoles un gran incentivo contributivo: 0% de impuestos sobre ingresos pasivos.
Años más tarde, en el 2019 el exgobernador Ricardo Rosselló Nevares firmó la ya mencionada Ley 60. Esta buscó consolidar varios decretos de incentivos contributivos (incluida la Ley de Servicios Exportados) para fomentar el desarrollo económico de la isla.
«Al firmar esta ley cumplimos con el compromiso […] de crear un proyecto eficiente para mejorar la manera de hacer negocios en Puerto Rico. Además, integramos nuevos incentivos para fomentar la retención de nuestros profesionales y promover el desarrollo de industrias emergentes.»
—Ricardo Roselló Nevares tras firmar Ley 60
Para fortalecer los requisitos de residencia e incrementar la inversión local, la gobernadora de Puerto Rico, Jenniffer González Colón, firmó en marzo pasado un proyecto que busca reducir ciertos beneficios contributivos a partir del próximo año. Lo que antes era un 0% de impuestos, ahora se convierte en un 4% sobre ingresos pasivos.
Estas regulaciones, sin embargo, sólo suavizan los efectos de la gentrificación. “No sabemos cuál será el impacto a partir del 2027, pero sí sabemos cuál fue el impacto del 2012 al 2026 [a causa de las leyes mencionadas] y fue malo”, asegura González Costa, indicando que “las políticas públicas son la raíz del problema”, en especial la falta de alguna que regule la vivienda en Puerto Rico.
Crisis de Vivienda en Puerto Rico
Las compras en efectivo, también conocidas como “compras cash”, inflan los precios de bienes inmuebles. Para que una oferta sea atractiva se paga por encima del valor de tasación —o un valor estimado si no existe tasación—, elevando los precios de venta. Esto crea un impacto acumulativo; es decir, cada venta se convierte en un precio comparable para futuras tasaciones, causando que los valores de mercado suban en cadena. Además, prácticas como la adquisición para especulación —comprar una propiedad pero no habilitarla ni ocuparla hasta que su valor en el mercado inmobiliario aumente— contribuyen a la reducción de viviendas disponibles.
La falta de una política pública integral de vivienda permite que el mercado opere sin regulación efectiva. El aumento de precios, déficit de viviendas asequibles y reducción masiva de la población son sólo algunos de los efectos colaterales.
“Se requiere que la legislatura establezca procesos y leyes que promuevan una política integral de vivienda”, plantea Ariadna Godreau Aubert, abogada y fundadora de Ayuda Legal Puerto Rico. Según indica, tanto esta como pasadas legislaturas —con “excepciones muy puntuales”— han decidido no priorizar esto, lo que ha resultado en altos niveles de emigración.

La emigración en Puerto Rico alcanzó su pico en el año 2018, con cerca de 100,000 personas abandonando la isla tras el paso de los huracanes Irma y María. La población actual se mantiene por debajo de los 3.2 millones, aproximadamente.
Reportes del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico indican que un 30% de los residentes que se marcharon en el 2024 vivían en condiciones de pobreza. Paradójicamente, 40% de las personas que regresaron al país ese mismo año también vivían en condiciones de precariedad en Estados Unidos.
“Las leyes que existen sobre vivienda en Puerto Rico son mínimas”, afirma Godreau Aubert. “El Departamento de Vivienda […] mayormente brega con fondos federales para temas de vivienda pública o vivienda subsidiada, cuando se supone que ayuden a establecer una política pública más general”. Subraya que si el Estado no garantiza vivienda asequible a través de estas políticas, la partida de más puertorriqueños será una “bomba de tiempo”.
A esta crisis también podemos sumarle el auge en la vivienda a corto plazo (comúnmente conocido como Airbnb). La experiencia de Cuevas resume perfectamente cómo esto se liga al desplazamiento: hace unos años se le ofreció reocupar una propiedad en la plaza pública de Rincón —que había sido remodelada y dividida en dos apartamentos— bajo la condición de que fuera coanfitrión y administrara el lugar. “La oferta era pagar la misma renta por la mitad de la casa”, narró con desilusión, agregando que ni siquiera se le ofreció un incentivo por ser coanfitrión.
Airbnb Newsroom reporta que en el 2025 las rentas a corto plazo generaron cerca de $1.87 mil millones al PIB de Puerto Rico, un aumento del 10% en comparación con el año anterior. Aunque este modelo de mercado ha resultado ser muy rentable (con más de 24,000 propiedades en Puerto Rico), la saturación en tan poco tiempo ha hecho que muchos reconsideren la renta a largo plaza, debido a la estabilidad económica que ofrece.
Repercusiones Socioculturales de este Fenómeno
Si observamos el municipio de Rincón, muchas de las residencias en la plaza pública ahora son propiedad de inversionistas, quienes han comercializado el área. Inclusive, muchos de los servicios que se ofrecen allí son reservados para turistas o personas bilingües (como señala Lidiammari Rivera en su artículo para Tinta Digital “El Rincón de los Extranjeros”). Pero esto es algo que podemos ver a lo largo de la isla en pueblos como: Dorado, Fajardo y San Juan.
Ángel Rodríguez Rivera, profesor de sociología urbana en la Universidad de Puerto Rico en Cayey, explica que el problema no radica —necesariamente— en la llegada de afuerinos, sino en su desinterés por integrarse a la cultura local. “Existen sectores que vienen con la única intención de hacerse ricos. No hay un interés por hacerse parte de una comunidad en la que cualquiera pueda ser bienvenido”, indica.
Como resultado, se perfila un escenario de segregación, donde coexisten —pero no se relacionan— una población local empobrecida con acceso limitado a recursos y otra privilegiada que concentra oportunidades y redefine el uso del territorio. Dinámicas como estas apuntan hacia un modelo de desarrollo que fragmenta la identidad cultural y amenaza con transformar a Puerto Rico en un país poco sistemático y desigual.
“Cuando uno está en posición de precariedad, las decisiones no son completamente libres”, reflexionó Rodríguez, quien también recalcó que las personas afectadas muchas veces aceptan condiciones desfavorables porque no tienen alternativas reales.
¿Qué se recomienda hacer ante esta problemática?
Ya se ha establecido que este es un problema estructural arraigado a un modelo político-económico que prioriza la inyección de capital sobre los derechos de vivienda. Godreau Aubert, González Costa y Rodríguez coinciden con esta premisa. Tomando sus perspectivas en consideración, ¿cuál es el consenso general sobre la gentrificación y el desplazamiento en Borinkén?
En síntesis, para lograr mayor visibilidad a través de la isla hay que transformar el marco legal, económico y social que actualmente rige el acceso de vivienda en la isla. En otras palabras, velar que los oficiales electos le den la atención necesaria a esta situación.
Para Gloria Milagros Cuevas, el cambio no se limita al aumento en el costo de una vivienda. También representa la transformación de una comunidad que alguna vez sintió como su hogar. Su experiencia refleja una de las preguntas centrales que plantea el fenómeno de la gentrificación en Puerto Rico: qué ocurre cuando quienes han vivido y construido sus comunidades durante años dejan de poder permanecer en ellas.
“Unos días amanezco bien optimista, otros amanezco bien pesimista”, aseguró Cuevas.
Experiencias como la suya —o de los residentes de la Calle Cerámica en Hato Rey— ilustran la realidad que muchos puertorriqueños enfrentan al tratar de vivir bajo un sistema que no parece interesado en proteger sus intereses.
