Foto: Takoma Park

Por Mónica Cappas y Messier Torres

Vertederos abarrotados, grandes cantidades de plástico, exceso de contaminación y cuotas sin cumplir, esta es la situación que se vive en Puerto Rico.

Hace cinco años, Puerto Rico aprobó la ley 247 de 2015 que busca reducir y minimizar el uso de las bolsas plásticas desechables, ya que tiene altos costos de producción y de venta, pero más aún, por sus insostenibles costos ambientales.

Según Jessica Seiglie, cofundadora y miembro de la junta de directores de Basura Cero Puerto Rico, el propósito de la ley es disminuir el uso de bolsas plásticas incentivando el uso de bolsas de telas. Aunque aclaró que los negocios siempre deben contar con algún tipo de producto para acarrear mercancía, por lo que venden bolsas plásticas. Al tener un costo, muchos ciudadanos optan por el uso de bolsas de tela, cajas de cartón o bolsas plásticas que traen desde sus hogares.

“La Autoridad de Desperdicios Sólidos (ADS) y Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO) tienen la potestad de poner la ley en vigor y multar los negocios que no cumplan. La ADS y los negocios tienen el deber de educar al ciudadano al respecto”, explicó la co-fundadora de basura Cero Puerto Rico.

Esta ley prohíbe a los establecimientos comerciales tales como supermercados, farmacias y tiendas por departamentos en Puerto Rico brindar bolsas plásticas desechables a sus clientes para cargar sus artículos.

Vanesa Uriarte, presidenta de Amigos del M.A.R. (Movimiento Ambiental Revolucionario) una entidad ambientalista sin fines de lucro, piensa que esta ley no ha significado ningún cambio sobre la utilización de plástico en Puerto Rico. “Mi percepción es que no. No ha habido una reducción, sino por lo contrario ha habido un agravante debido al problema por el tipo de bolsas que se siguen vendiendo”.

“Nosotros estamos muy por debajo de los estándares que se habían provisto desde los 90″, expresó Uriarte. “Aquí actualmente se dice que se está reciclando alrededor del 10% cuando debemos estar cerca de un 50%. Nuestra percepción es que se está reciclando menos del 10% en realidad”.

Existen siete tipos de plásticos, pero de estos, en Puerto Rico solo se recicla el tipo uno y el dos. Ese número va impreso en estos productos rodeados por un triángulo: su clasificación brinda información de su composición. 

En Puerto Rico se utilizan bolsas de un plástico más resistente, como las que venden en algunos negocios y supermercados, las cuales según Vanesa Uriarte, no son renovables ya que estas siguen siendo de plástico. 

“Nosotros (Amigos del M.A.R.) pensamos que no se debería vender ninguna bolsa de plástico: eso incluye también algunas bolsas reusables que utilizan un material de fibra de plástico parecido al material que se utiliza para las mascarillas quirúrgicas”, puntualizó la presidenta de la entidad ambientalista.

Las bolsas plásticas utilizadas anterior a esta ley eran de un material menos resistente, lo que permitía que su degradación fuera más rápida. A diferencia de las antiguas bolsas, las actuales son creadas con un plástico más resistente, por lo que tardan más en descomponerse.

Uriarte dijo que Amigos del M.A.R. recomienda el reciclaje de textiles (materiales a base de tela) para minimizar el uso del plástico y que las personas busquen otras alternativas para eliminar el plástico de sus vidas. 

Por otra parte, la presidenta cree que las agencias como DACO y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) deberían ser más rigurosas en la evaluación de propuestas y a la misma vez facilitar empresas puertorriqueñas o comunidades que puedan trabajar el reciclaje desde lo local.á“Aquí el reciclaje que se recopila en su mayoría se exporta fuera del país y está en control de unas cuantas empresas nada más”.

A Cuentagotas se comunicó con DACO, ADS y DRNA para una reacción al respecto, pero no estuvieron disponibles.

Martha Quiñonez, economista y profesora en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo, considera que la ley 247 fue beneficiosa para los comercios. Según Quiñonez, el no proveer las bolsas de forma gratuita a los clientes representó “más ganancias, a pesar de que no se logró reducir la cantidad de esas bolsas”.

“El reciclaje se puede convertir en un negocio si se circula con una política pública, si se establece cómo se van a desarrollar estas industrias y cómo es que se va a fomentar”, añadió la economista. 

Quiñones plantea que si en Puerto Rico se le diera más importancia a la industria del reciclaje, podría ahorrar mucho dinero mientras protege el ambiente.  

“Una ventaja es que los municipios gastarían menos dinero en los vertederos. El ejemplo de eso te lo da el municipio de Comerío y Carolina que tienen unos proyectos de desviación de reciclaje y han demostrado que el que se reciclen la mayor cantidad de productos en su municipio le bajó los costos que tenían en pagar los vertederos. por lo que esto tiene sus ventajas”, concluyó la profesora.

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