Imagen representativa: estudiante universitaria consulta la página de la FAFSA para verificar su elegibilidad. (Foto por Andrea Suárez Morales)
Por: Andrea Suárez Morales
La Beca Pell ya no alcanza para cubrir la mayor parte de los costos universitarios, afectando a estudiantes becados y no becados.
El estudiante universitario, Javier Santiago Martell, enfrenta dificultades económicas para costear sus estudios al no cualificar para la Beca Pell debido al nivel de ingresos de sus padres. Ante esta situación, debe recurrir a la búsqueda de alternativas de financiamiento, incluyendo ayudas económicas y planes de pago, para cumplir con sus obligaciones académicas. Su caso refleja una realidad que afecta a numerosos estudiantes que, pese a no cumplir con los criterios establecidos para recibir asistencia federal, enfrentan limitaciones económicas para cubrir los costos universitarios. Aunque las experiencias varían, muchos coinciden en la necesidad de mayor apoyo financiero para continuar sus estudios.
¿Quiénes son los que se ven afectados por la deficiencia de la Beca Pell?
Muchos estudiantes universitarios beneficiarios de la Beca Pell aseguran que la ayuda económica resulta insuficiente para cubrir sus estudios, lo que los obliga a buscar empleo u otras alternativas de financiamiento. Ese es el caso de Yazmar Pérez Cedeño, estudiante de bajos recursos en la Universidad Ana G. Méndez (UAGM), quien afirma que la beca no cubre la totalidad de sus gastos académicos: “Tuve que buscar un trabajo para cubrir lo que la beca no me cubre”, sostuvo la estudiante.
A pesar de su vocación por la medicina veterinaria, Pérez enfrenta dificultades para costear sus estudios debido a las limitaciones de la Beca Pell. Según indicó, la ayuda no cubre más del 30% del costo total de su educación, aun cuando recibe la beca completa. Al estudiar en una institución privada, los gastos académicos son más elevados, lo que amplía la brecha entre la ayuda recibida y el costo real.
Ante esta situación, Pérez tuvo que incorporarse al mercado laboral para cubrir sus necesidades económicas. “Sí, tuve que buscar un trabajo para poder cubrir lo que la beca no me cubre”, expresó. Esta carga adicional impacta su desempeño académico y su participación universitaria. “En mi opinión, sí afecta mi rendimiento académico y mi capacidad de participar en actividades extracurriculares… no sobra el tiempo suficiente para otras cosas que no sean trabajar o estudiar”, añadió.
El caso de Pérez no es aislado. Irvic Colberg Román, estudiante del bachillerato de Ingeniería Química en la Universidad de Puerto Rico en Arecibo (UPRA), también tuvo que emplearse para cubrir gastos adicionales. Aunque la beca cubre su matrícula, otros costos recaen sobre el estudiante. “La beca cubre mi matrícula en su totalidad, pero el dinero no me da para lo que me falta, así que tuve que empezar a trabajar”, explicó.
Colberg señaló que algunos cursos requieren materiales y licencias que no están incluidos en la matrícula. Estos gastos pueden superar los 250 dólares por licencia, especialmente en clases de laboratorio o programas especializados. Para él, asumir estos costos representa un reto significativo que complica su progreso académico.
Por otro lado, la falta de información también incide en el acceso a la ayuda económica. Valeria Ramos Gutiérrez, estudiante de primera generación en la Universidad Interamericana de Arecibo (UIA), describió su experiencia como un proceso complejo. “Para mí ha sido un reto estudiar, porque al ser la primera en mi familia que estudia, he tenido que aprender todo cometiendo errores que pude evitar”, relató.
Ramos indicó que desconocía la existencia de ayudas como la Beca Pell durante el inicio de su trayectoria universitaria. “No sabía de la beca porque en mi casa nadie sabía de ella… ni sabía que cualificaba para eso”, señaló. La falta de orientación familiar y, según afirmó, de apoyo institucional suficiente, dificultó su acceso a información básica sobre procesos académicos y financieros. “Desconocía muchas cosas que eran básicas… y en muchas ocasiones te tratan como si ya se supone que tú sepas”, añadió.
A pesar de los obstáculos, Ramos continúa sus estudios motivada por su familia. “Es un privilegio para mí; enorgullecer a mi familia me impulsa hacia adelante”, afirmó.
Estos testimonios evidencian el impacto de las limitaciones de la Beca Pell en estudiantes universitarios de distintos contextos. Aunque la ayuda cubre parte de los costos, muchos enfrentan gastos adicionales y barreras de acceso a información que influyen en su estabilidad académica y económica.
¿Qué es la Beca Pell?
Muchos estudiantes universitarios provienen de familias de bajos ingresos o no cuentan con los recursos necesarios para cubrir los costos asociados a la educación superior, lo que ha impulsado la creación de programas de ayuda económica dirigidos a esta población.
Estas ayudas financieras son otorgadas principalmente por el gobierno federal y, en menor medida, por gobiernos estatales, a estudiantes que cumplen con criterios específicos. Entre las principales modalidades se encuentran las becas, que no requieren reembolso; los préstamos estudiantiles, que deben pagarse en plazos; y el programa work-study, que permite a los estudiantes trabajar mientras estudian. Su objetivo es facilitar el acceso a la educación superior y reducir la deserción por razones económicas.
Uno de los programas más representativos es la Beca Pell, establecida en 1972, durante la presidencia de Richard Nixon mediante la Ley de Enmiendas de Educación. Inicialmente, conocida como Basic Educational Opportunity Grant (BEOG), después fue renombrada en honor al senador Claiborne Pell, quien promovió su creación. En la actualidad, este programa es administrado por el Departamento de Educación de Estados Unidos y beneficia a más de 6 millones de estudiantes, según su necesidad económica determinada a través de la Solicitud Gratuita de Ayuda Federal para Estudiantes (FAFSA, por sus siglas en inglés).
El monto máximo anual de la Beca Pell se sitúa en aproximadamente 7,395 dólares, mientras que el mínimo ronda los 740 dólares. Esta ayuda puede destinarse a matrícula, cuotas, libros y materiales, pero no cubre gastos esenciales como vivienda, transporte o alimentación. Aunque el programa ha ampliado el acceso a la educación superior, su capacidad de cobertura se ha reducido con el tiempo. En 1976, el monto máximo representaba cerca del 72 % del costo total de asistencia en una universidad pública; en la actualidad, cubre aproximadamente el 30 %, según datos del American Council on Education (2010) y la National Association of Independent Colleges and Universities (2022).
¿Por qué con el paso de los años la Beca Pell ha ido perdiendo eficiencia?
En contraste con décadas anteriores, la Beca Pell ha perdido capacidad para cubrir los costos universitarios. Hace aproximadamente 30 años, esta ayuda federal cubría entre un 72 % y un 80 % de los gastos académicos, mientras que en la actualidad apenas alcanza cerca del 30 %, lo que evidencia una reducción significativa en su efectividad.
Este cambio responde, en parte, al aumento sostenido en el costo de la educación superior. Según explicó Elizabeth Rivera Morales, oficial de asistencia económica en UPRA, “el costo de la educación ha aumentado”. Datos de distintas instituciones en Estados Unidos reflejan esta tendencia: actualmente, el costo por crédito ronda los $406 en universidades públicas y los $1,469 en instituciones privadas. Hace 10 años, estos costos eran de aproximadamente $327.21 en el sistema público y $1,071 en el privado. Hace tres décadas, el costo por crédito era de $94.93 en universidades públicas y $382.70 en privadas. Estas cifras evidencian un incremento sostenido en el costo de la educación superior.
Especialistas atribuyen este aumento, en gran medida, al efecto de la inflación. Aunque la inflación general reciente se sitúa alrededor del 3 %, su impacto en la población estudiantil resulta más significativo. Así lo indicó la Dra. Soriel Santiago Gerena, economista y directora de la Oficina de Planificación y Estudios Institucionales en la UPRA, quien señaló que no existen datos actualizados que reflejen con precisión la inflación específica en el ámbito estudiantil. Según explicó, los indicadores utilizados para medir este fenómeno no se actualizan desde la década de 1950, lo que dificulta estimar con exactitud el impacto real del aumento en el costo de vida sobre los estudiantes universitarios.

La inflación que impacta a la población estudiantil resulta mayor de lo que reflejan los indicadores generales, lo que ha contribuido a la reducción en la cobertura de la Beca Pell. El aumento sostenido y acumulativo en los costos de la educación ha generado un desbalance entre el monto máximo de la ayuda —$7,395, con un mínimo de $740— y el costo real de cursar estudios universitarios. A partir de estos datos, expertos coinciden en que el monto de la beca requiere ajustes para responder al alza en los precios. De mantenerse esta tendencia, y con una inflación proyectada cercana al 2.4 % a largo plazo, los costos educativos continuarán en aumento, lo que podría reducir aún más el alcance económico de la Beca Pell si no se revisan sus parámetros.

La inflación no es el único factor que incide en la presión sobre la Beca Pell. En los últimos años, también ha aumentado la cantidad de estudiantes que solicitan esta ayuda, lo que incrementa la demanda sobre los fondos federales disponibles. Este crecimiento en el número de beneficiarios obliga a distribuir los recursos entre más estudiantes, lo que limita el alcance individual de la asistencia.
A este escenario se suma la simplificación del proceso de solicitud a través de la FAFSA, que ha ampliado el acceso al programa. Como resultado, más personas cualifican o solicitan la ayuda, lo que intensifica la competencia por los fondos disponibles. Esta situación ha generado presiones fiscales que, en algunos casos, han llevado a propuestas de reducción o congelación de fondos.
Durante su mandato, el presidente Donald Trump, propuso reducir el monto máximo de la Beca Pell de $7,395 a $5,710 para el periodo 2026-2027. Sin embargo, el Congreso de Estados Unidos no respaldó la medida, por lo que no se implementó. Aun así, el programa ha sido catalogado como “en riesgo de déficit de financiación” ante el aumento sostenido en la cantidad de solicitantes.
El crecimiento en la demanda también ha abierto un debate público sobre el uso de estos fondos. Mientras algunos sectores cuestionan si todos los beneficiarios cumplen con los criterios de necesidad económica, especialistas señalan que el aumento en solicitudes responde, en gran medida, al encarecimiento de la educación y a las limitaciones económicas que enfrentan los estudiantes.
Dudas sobre la necesidad de recursos económicos
El aumento en la cantidad de solicitantes de la Beca Pell también ha generado cuestionamientos sobre el uso de estos fondos. Algunos sectores sostienen que parte de los beneficiarios no cumplen con los criterios de necesidad económica, lo que ha alimentado la percepción de un posible uso indebido de la ayuda federal.
Datos del Departamento de Educación de Estados Unidos indican que, en los últimos tres años, se identificaron cerca de 90 millones de dólares en fondos de la Beca Pell distribuidos de manera incorrecta. Entre estos casos se encuentran pagos a beneficiarios que no cumplían con los requisitos, incluidos registros asociados a personas fallecidas. Este escenario ha impulsado discusiones sobre la necesidad de fortalecer los controles y requisitos de elegibilidad.
No obstante, un análisis del mismo departamento realizado en 2018, concluyó que una parte significativa de los llamados “pagos impropios” responde a errores administrativos más que a fraude. Entre las principales causas se identificaron fallas en la verificación de datos financieros, problemas en el procesamiento institucional, manejo incorrecto de información estudiantil y errores en la tramitación de solicitudes.
Esta distinción ha sido clave en el debate sobre posibles cambios al programa. Mientras algunos proponen criterios más estrictos para evitar irregularidades, algunos advierten que un endurecimiento en los requisitos podría limitar el acceso a estudiantes con necesidad económica real. En consecuencia, el intento de reforzar los controles podría generar nuevas barreras para quienes dependen de esta ayuda para continuar sus estudios, evidenciando el reto de equilibrar la fiscalización con el acceso equitativo a la educación superior.
Consecuencias de la deficiencia de la Beca Pell en los estudiantes becados vs. no becados
Las consecuencias de la limitada cobertura de la Beca Pell se reflejan en múltiples aspectos de la vida estudiantil. El aumento en los costos de la educación, la inflación y las restricciones en los fondos han generado un impacto directo en universitarios que, aun con ayuda económica, enfrentan dificultades para cubrir sus gastos. Los casos de Pérez, Ramos y Colberg evidencian el alcance de esta problemática.
Irvic Colberg Román trabaja a tiempo parcial para cubrir los costos que la beca no alcanza. “Aun con la beca Pell tengo un trabajo parcial para costear lo que no me cubre la beca”, indicó. Esta situación lo ha llevado a reducir la cantidad de créditos por semestre para manejar sus finanzas. “Depende de cuántos créditos tenga ese semestre; cuando me sobra dinero, lo uso para cubrir gastos extras”, añadió.
El balance entre trabajo y estudios ha tenido efectos en su rendimiento académico y bienestar personal. Colberg señaló que la carga laboral limita el tiempo disponible para estudiar y aumenta la presión por mantener un promedio académico adecuado. “Si no mantengo un promedio estable, pues obviamente me pueden quitar la beca”, expresó.
Mientras algunos estudiantes enfrentan dificultades aun con la beca, otros no cualifican para recibirla. Javier Santiago Martell, estudiante de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla (UPRAg), no es elegible debido al ingreso familiar, lo que lo obliga a costear sus estudios mediante empleo y apoyo parcial de sus padres. Según explicó, ambos ingresos apenas cubren sus gastos académicos y personales.
Santiago indicó que las largas jornadas de trabajo han afectado su salud mental y su tiempo de estudio, lo que complica su desempeño académico. A partir de su experiencia, cuestiona la igualdad del sistema de ayudas estudiantiles en Estados Unidos, al considerar que no atiende de manera efectiva a todos los sectores de la población universitaria.
Por su parte, Santiago Gerena, economista, señaló que los criterios de elegibilidad pueden generar desigualdades en el acceso a la ayuda económica. Según explicó, aunque estos requisitos buscan priorizar a estudiantes de bajos ingresos, también pueden dejar fuera a estudiantes de clase media que no cuentan con los recursos suficientes para costear sus estudios.
“Además de los estudiantes que reciben la Beca Pell, habemos otros que no la recibimos y que aun así necesitamos ayuda, ya que tenemos que costear por nuestra cuenta la matrícula, vivienda, transportación y comida”, expresó Santiago.
Aunque la Beca Pell ha sido un pilar de acceso a la educación superior para miles de estudiantes durante décadas, su capacidad para cubrir los costos actuales ha disminuido de forma considerable. Esta realidad impacta directamente a estudiantes como Pérez, Ramos, Colberg y Santiago, cuyos casos reflejan las limitaciones de un sistema que ya no responde al costo real de estudiar. Sus experiencias evidencian cómo la reducción en la cobertura de la ayuda económica continúa afectando a quienes dependen de ella para sostener su formación académica.
Reportaje editado, para leer el original puede acceder a: La educación que se encarece: cómo la falta de fondos perpetúa la pobreza estudiantil
