Por Jiniangeliz De León Cordero
La falta de vivienda es solo una parte del problema. También, la situación refleja desafíos en adicciones y disponibilidad de servicios de apoyo
Las calles de Arecibo son más que un espacio físico para transitar vehículos: para muchas personas sin hogar, estas son su cama, su rutina y el reflejo de la vulnerabilidad marcada por la adicción.
En Puerto Rico, el 32.6% de esta población atribuye su situación al consumo de drogas o alcohol, superando causas como el desempleo o los problemas financieros. Testimonios como el de Jorge Correa Serrano, con casi una década en la calle debido a la adicción, y el de Jorge Manuel Astacio, con más de 40 años sin techo por circunstancias familiares, evidencian la complejidad del fenómeno.
Entre programas de rehabilitación, esfuerzos municipales y la labor policial, el pueblo de Arecibo enfrenta un reto que trasciende la vivienda: ofrecer oportunidades y seguridad a quienes viven en sus calles.
Adicción y vulnerabilidad: principales factores de la población sin hogar
El Conteo de Personas Sin Hogar 2024, realizado por la Coordinadora Moriviví y el Departamento de la Familia en colaboración con los Sistemas de Cuidado Continuo (CoC PR 502 y PR 503), identificó que la principal causa reportada para encontrarse en situación de calle fue el uso de drogas o alcohol (32.6%), superando otras razones como el desempleo (12.1%), los problemas financieros (7.6%) y los desahucios (7.6%). Además, más del 50% de las personas entrevistadas presentaron al menos un indicador de vulnerabilidad, incluyendo condiciones de salud mental, impedimentos físicos o consumo activo de sustancias, mientras que el 75.3% de la población no albergada fue categorizada como vulnerable.

Dentro de este panorama general, el municipio de Arecibo representa un caso particular, pues concentra el 3.7% del total de personas identificadas sin hogar en Puerto Rico. Los datos indican que la adicción es un factor significativo en esta población, que suele acompañarse de otras dificultades para mantener una vivienda estable.
Según las estadísticas del Departamento de la Familia y el CoC PR-502 (2024), la edad promedio de las personas sin hogar en Arecibo, entre albergadas y no albergadas, es de 45.6 años, con un rango que va desde los 17 a los 71 años. Entre la población no albergada, la mediana asciende a 52 años.
En cuanto a la distribución por edad, el grupo más numeroso corresponde a personas entre 45 y 54 años (27.5%), seguido por el grupo de 35 a 44 años (23.8%). Las personas menores de 18 años representan el 2.5% de la población identificada.
La distribución por género indica que el 71.3% son hombres mientras que el 28.8% son mujeres. Los lugares donde se alojan la población no albergada, el 53.2% lo hace en “otros lugar”, un 30.6% en casas o edificios abandonados, un 14.5% en la calle o aceras y un 1.6% en estaciones o terminales de transporte.
A nivel histórico, las cifras del conteo en Puerto Rico registran fluctuaciones significativas. Entre 2013 y 2017 se observaron aumentos, alcanzando 2,422 personas sin hogar en 2015 y 1,883 en 2017. En los conteos más recientes, las cifras se han mantenido alrededor de 1,060 personas.
El impacto de la adicción en la vida de un deambulante

Jorge Correa Serrano, natural de Sabana Hoyos en Arecibo, lleva entre ocho a diez años viviendo en la calle. Su experiencia ilustra cómo la adicción puede marcar el inicio de un ciclo de vulnerabilidad y carencias.
Correa relató que su primer contacto con las drogas comenzó a través de un amigo. “Todo empezó por un amigo. Me dijo: ‘Vente, vamos a comprar una bolsa de pasto’. Yo en ese entonces ni sabía realmente lo que era”, relató.
Lo que inició con marihuana se transformó en la búsqueda de sustancias más potentes. “Con el tiempo uno se cansa y busca algo nuevo…cambié la marihuana por otra sustancia, y luego por otra, y así sucesivamente”, añadió.
Antes de quedar en situación de calle, Correa asistió a la escuela, aunque reconoció que no prestaba atención y se alejaba con frecuencia. Hoy, su rutina diaria se centra en cubrir necesidades básicas, como la alimentación y la seguridad personal. Sobre este aspecto, Correa comentó que “A veces hay poca [comida] para tanta gente. A veces vienen grupos, como los cristianos, o gente buena que te ayuda con un café, leche, galletas o un jugo. Pero no siempre vienen, no es algo seguro”.
La percepción de la comunidad también representa un desafío. Correa aseguró que, en muchas ocasiones, la respuesta de los ciudadanos es hostil: “Sí, muchas veces [hay rechazo]…tú vas humildemente, saludas ‘buenos días’ y pides si pueden ayudarte, y en lugar de un ‘buenos días’, te responden con malas palabras”.
Esta reacción refleja la dificultad de integración y el estigma que enfrentan las personas en situación de calle con problemas de adicción.
A pesar de haber participado en hogares de rehabilitación como Hogar CREA, Correa Serrano identificó que la clave para una recuperación efectiva es un apoyo continuo y personalizado. “Me gustaría que ayudaran a una persona hasta el final…Alguien que te aconseje, que te diga las cosas claras. Alguien que te diga: ‘Mira, estamos aquí para ayudarte, te llevamos donde necesites, te apoyamos en lo que haga falta para que salgas adelante’ ”, enfatizó.
También, Correa advirtió sobre los riesgos que conlleva la adicción y compartió un mensaje preventivo. “Que no prueben las drogas ni por juego. Uno empieza así, como yo con la marihuana, y es como una escalera que vas subiendo…un vicio que el cuerpo te pide, y para conseguirlo, mucha gente llega a hacer cosas terribles, hasta matar”, concluyó.
Su relato evidencia cómo la combinación de adicción, recursos limitados y el trato excluyente que suelen recibir puede profundizar aún más su situación de inestabilidad y desamparo.
Cuarenta años sin hogar: la experiencia de Jorge Manuel Astacio

Jorge Manuel Astacio, originario de Río Piedras, lleva más de 40 años viviendo en las calles de Arecibo. Su experiencia demuestra que las causas del deambulante son diversas y complejas, y que no todas están necesariamente relacionadas con el consumo de sustancias.
Astacio aseguró de manera contundente que su situación nunca ha estado vinculada al uso de drogas o alcohol. La raíz de su condición se remonta a circunstancias familiares y económicas. “Perdí a mis padres. La casa que yo tenía me la vendieron los hermanos míos”, relató.
Al igual que Correa, su lucha diaria se centra en cubrir necesidades básicas: “Se me enfrentan problemas económicos…la comida”. A lo largo de estas décadas, la supervivencia ha implicado enfrentar la carencia de recursos y servicios que podrían facilitarle una vida más estable.
Al igual que Correa, Astacio también expresó su frustración prolongada con los sistemas de ayuda disponibles. Señaló que, a pesar de haber buscado apoyo en distintas instancias municipales, los recursos son limitados y las respuestas insuficientes.
“Fíjate, hay pocos recursos…Yo iba a la alcaldía un montón de veces, necesitaba ayuda y ellos no hacen nada. Hace 40 años que estoy viviendo así. Es que hay que decir la verdad”, expresó. Además de vivienda, reconoció que todavía necesita asistencia básica, incluyendo alimentos, ropa y otros servicios de apoyo social.
Tras relatar su experiencia con los recursos municipales, Astacio enfatizó la importancia de que la sociedad comprenda la realidad del deambulante. “Que nunca pasen por esto, que esto es bien triste y lamentable”, afirmó.
El testimonio de Astacio evidencia que el sinhogarismo no es un fenómeno uniforme y que las necesidades de esta población varían significativamente. Además, ofrece un panorama cercano y humano sobre los desafíos cotidianos de vivir en la calle, lejos de cualquier vínculo con la adicción, y destaca la importancia de contar con servicios de apoyo más accesibles y efectivos.
La postura del municipio: causas, recursos y limitaciones

Al abordar la situación de las personas sin hogar con problemas de adicción en Arecibo, el alcalde Carlos «Tito» Ramírez Irizarry describió el panorama como un “problema serio”, influido tanto por dinámicas locales como externas. Según explicó, una parte significativa de esta población no es natural del pueblo.
“El 70% no son de Arecibo”, afirmó, señalando que la presencia del programa de metadona en el municipio ha provocado un aumento sostenido de personas que llegan en busca de tratamiento y, eventualmente, se quedan.
El alcalde sostuvo, en su opinión, que esta combinación de acceso a la metadona y a sustancias ilícitas crea lo que muchos consideran “lo mejor de los mundos”, ya que tienen disponible tanto el tratamiento como la droga. Desde su perspectiva, este escenario hace más difícil que estas personas regresen a sus pueblos o redes de apoyo originales.
Ramírez identificó múltiples factores detrás del aumento de personas sin hogar con adicción, incluyendo escasez de trabajo, abandono escolar temprano y falta de motivación o apoyo institucional hacia los jóvenes. Además, mencionó los problemas familiares como detonantes importantes.
“Algunas veces somos número uno criticando…pero no sabemos lo difícil que haya sido su vida desde chiquitos hasta llegar a esos extremos”, expresó, señalando que las causas suelen ser complejas y acumulativas. Añadió que, una vez ocurre la caída en la adicción, “es bien difícil sacarlo de la droga”, especialmente si la persona no está dispuesta a recibir ayuda.
En cuanto a las responsabilidades institucionales, Ramírez reiteró que los municipios no son los principales encargados de atender este problema. “Para eso está ASSMCA…y el Departamento de la Familia. Nosotros cooperamos con ellos”, afirmó.
A nivel operativo, explicó que la policía municipal y el manejo de emergencias intervienen cuando se reportan casos, realizando gestiones y coordinaciones con las agencias estatales pertinentes. Sobre la seguridad pública, Ramírez afirmó que el impacto de esta población en la incidencia criminal es mínimo e indicó que los casos asociados a personas usuarias de drogas representan un porcentaje “bien bajito”.
Respecto a proyectos futuros, el alcalde mencionó que su administración trabaja en la creación de nuevas alternativas para atender a la población sin hogar. Señaló que planifican “abrir una oficina de hospedaje en Arecibo”, ubicada en el antiguo hospital municipal. Además, en cuanto a la colaboración con iniciativas externas, “El Chef Clemente va a establecer lo que tiene en la Kennedy en Arecibo. Ya le asigné una escuela para que venga a dar ese servicio en Arecibo”, indicó
La mirada policial desde el campo: riesgos, adicción y seguridad

El agente estatal Vicente Heredia Herrera, oficial del Programa de Vuelta a la Vida e Interacciones con Personas sin Hogar de la Policía de Arecibo, lleva más de 12 años trabajando directamente con la población sin hogar en el municipio. Desde su experiencia en el campo, confirmó el impacto devastador que tiene la adicción en estas personas, especialmente por el aumento en el uso de sustancias altamente peligrosas.
Heredia identificó al fentanilo como la droga más letal en la actualidad. “Es lo que los está matando…los cambia, los trastorna, los seca”, afirmó con preocupación. Explicó que la crisis no solo afecta a los propios usuarios, sino a toda la comunidad, pues presencia en distintos espacios genera reacciones negativas, muchas veces marcadas por la falta de empatía.
“En la comunidad de Arecibo, hay mucha gente que, pues tú sabes, ellos siempre están pidiendo. El no tener el aseo personal les afecta…mucha gente los ve por encima del hombro. Imagínate, están pidiendo para su adicción y la gente no los trata bien, lamentablemente”, contó.
El agente detalló que la adicción compromete gravemente la seguridad de estas personas. “Impacta mucho, ya que muchos de ellos pueden sufrir un overdose”, expresó. A esto se suma el peligro constante al que se exponen cuando están intoxicados.
“Cuando están drogados, ellos están en su mundo…cruzan las calles y son impactados por vehículos. Básicamente, han perdido la vida varios porque, al estar intoxicados, siguen caminando desorientados y la gente no entiende”, agregó.
Heredia reconoció que la percepción general hacia esta población suele ser negativa y basada en estigmas. Por eso, ha dedicado parte de su labor a educar a la comunidad sobre la realidad de la adicción. “En una ocasión, le hablé a un grupo de personas…les informé que son personas enfermas, que la adicción es una enfermedad. No solamente es para las personas deambulantes; yo he atendido doctores, abogados que están adictos. Y eso es silencioso. La gente no sabe que yo atiendo a esas clases de personas…Y los busco y los ayudo, pero eso es voluntario”, declaró Heredia.
Por otro lado, sobre los recursos de rehabilitación, el agente explicó que «Desde que María azotó a Puerto Rico, cerraron muchos centros, pero tenemos el ‘Play of the Lord’ en Carolina, que le brinda el detox y la rehabilitación. Tenemos el de Héctor ‘El Father’ (Delgado) en Juncos, iniciativa comunitaria…y Hogar Serena en Juncos».
El testimonio del agente Heredia evidencia los retos que enfrenta la población sin hogar afectada por la adicción en Arecibo, así como las limitaciones actuales en servicios y percepciones públicas. Su experiencia permite identificar los riesgos de salud y seguridad más frecuentes, además de los recursos disponibles para la rehabilitación. Estos elementos ofrecen una perspectiva de la situación actual y de los esfuerzos institucionales que continúan realizándose en el municipio.
A la vez, la mirada desde el campo confirma lo que las historias en las aceras ya revelaban: la crisis del deambulante trasciende la ausencia de un techo. Es una encrucijada marcada por la adicción, la vulnerabilidad física y mental y la falta de servicios integrados, que convierte la calle en un refugio forzoso y riesgoso.
Los relatos de Jorge Correa Serrano y Jorge Manuel Astacio, aunque distintos en sus causas, confluyen en la misma realidad de desamparo y supervivencia diaria. Ante este panorama, los esfuerzos en Arecibo, desde las coordinaciones municipales y los programas estatales hasta la labor de agentes como Heredia, subrayan la urgencia de una respuesta que no solo ofrezcan resguardo, sino también rehabilitación y reintegración.
El reto, como muestran los datos y las vidas detrás de ellos, es evidente: brindar oportunidades y seguridad a quienes habitan las calles exige atender no solo el síntoma visible, sino la compleja red de factores que los mantiene en esa situación.
Reportaje editado, para leer el original puede acceder a: La crisis del deambulan va más allá de la ausencia de techo
