Cientos de personas salieron a ejercer su derecho al voto en Vega Baja. Foto por: Alana Rosario Sánchez
Por: Alana Rosario Sánchez
Luego de meses de campañas políticas, llegó el día de las elecciones. El pasado martes 5 de noviembre, a las 8:30 de la mañana, me presenté en mi respectivo colegio de votación en Vega Baja. Iba mentalizada a encontrarme con un proceso lento, debido a las máquinas de escrutinio digital, que en el pasado dieron problemas. En las primarias, celebradas en junio de este año, el conteo y transmisión de votos a la Comisión Estatal de Elecciones, demoró la divulgación de los resultados. También, temía que mi nombre no apareciera en las listas, dado que era mi primera elección.
Bajo una llovizna que inundó mis zapatos, me adentré en el gimnasio municipal junto a mi padre. En fila y por orden de llegada, nos sentamos en los bleachers que tiene el gimnasio Rodrigo “Güigo” Otero Suro, a esperar la hora de inicio de votación. Identifiqué familiares, vecinos y conocidos que iban llegando y saludando al que conocían. La primera persona en la fila era una mujer delgada, de pelo blanco y corto. En su piel observaba pliegues que denotaban que esta no sería su primera vez participando de unas elecciones. Entre los primeros, también se encontraba Randy Meléndez, un joven de 26 años que llegó a las 7:00 de la mañana impulsado por el compromiso de “cumplir con mi isla, mi derecho y mi agenda personal”.
Pasaban los minutos y los adultos mayores, empezaban a sentirse incómodos por la espera y el calor. Se replantearon la decisión de ir tan temprano a votar. También identifiqué a otros jóvenes como yo, entusiasmados por ejercer su primer voto. Eran las 9:00 de la mañana, hora de inicio del proceso de votación y no se veía movimiento alguno en la fila. Catorce minutos después, uno de los funcionarios anuncia que de los cuatro colegios – que se dividen por letra—solo tres de ellos estarían funcionando en ese momento, pues no habían suficientes funcionarios por colegio. Así que, esos electores, serían atendidos en los otros colegios (uno, dos o cuatro), por el momento.
La fila empieza a moverse poco a poco, empiezan a salir los primeros votantes, entusiasmados y animados, entre ellos la mujer que hacía la número uno en la fila. Más personas empiezan a llegar al colegio y son guiados por las mismas personas allí formadas hasta el final de la fila, que rodeaba el gimnasio en su interior. A diferencia de las elecciones del 2020 que rodeaba el exterior del gimnasio, bajo el sol, comentaban los allí presentes. Mientras tanto mi padre y yo tomábamos turnos en una silla que arrastramos por todo el coliseo durante casi dos horas.
En lo que la fila avanzaba y se estancaba, las personas llegaban y el colegio tomaba ritmo en agilizar el proceso. Sin embargo, las personas con impedimentos, mujeres embarazadas y/o personas de 60 años o más, no tenían una fila asignada. La Ley Número 138 del año 2010 según enmendada, ordena a todas las agencias, instrumentalidades y corporaciones públicas del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, así como a los municipios y a las entidades privadas que reciben fondos públicos, que ofrecen servicios directos al ciudadano, a ceder turnos de prioridad a estos grupos de personas, siempre y cuando presenten alguna certificación. En Puerto Rico, toda persona tiene derecho a votar si es ciudadano de Estados Unidos, reside en la Isla, tiene 18 años o más y no ha sido declarado mentalmente incapaz por sentencia de un Tribunal de justicia.
Un voluntario que expresó que no votaría, estaba allí asistiendo y organizando la fila. Nos aproximamos a la entrada de las urnas y me percaté que, una mujer embarazada y adultos mayores preguntaban por la fila de prioridad. La fila se formó, al más personas solicitar la misma y fueron pasándolos poco a poco turnándose con la fila regular.
A las 11:00 de la mañana llegó el momento de ejercer mi primer voto. Al llegar al colegio (la mesa de identificación), firmé y recogí las papeletas, siendo consciente de las situaciones que enfrenta Puerto Rico. Después, me dirigí a la urna, realicé mis votos y en seguida introduje mis papeletas en la máquina de escrutinio digital, las cuales fueron adjudicadas sin mayor inconveniente. El día, continuó a la espera de los resultados que fueron revelados preliminarmente a las 10 de la noche, marcando a Jenniffer González Colón como la gobernadora electa democráticamente.
